Las ramas desnudas se mecen a merced del viento,
pero no a propia voluntad, no, prisioneras e impotentes.
Lo que un día fueron muchas verdes aliadas,
y más tarde amarillas y marrones con notable madurez,
ahora son mil pasados sueños, mil perdidas ilusiones.
El frio azota, la nieve quema, la nocturnidad inunda.
El tiempo pasa, mueren las horas, el brillo ausenta.
Lo que en su momento abundó, ahora escasea.
Lo que da la vida, el sentido, la razón de existir
ahora no toma partida, no entra en el marco, rompe y muere.
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