Esta sensación flota en sobre el viento mientras este la mece. Podría creerse que es tranquilidad, mas no es así, tranquila inseguridad, tranquilo sufrimiento, tranquila soledad, tranquilo martirio.
El viento escupe toneladas de inseguridad. Aunque no es un tornado el que sopla y derriba la calma es igual de asesina, el suave viento que baila entre las hojas hace de estas cuchillas para mi pecho.
La calma es la tapa de mi tumba, los clavos que aunque no siento están clavados en mis manos.
Ese nudo en mi estomago se ha aferrado a mi y no me abandonará por mucho que haga por evitarlo, quien pudiese deshacerse de él como quién se deshace de su felicidad.
La calma son los barrotes de mi celda y el nudo el compañero que no se lo piensa dos veces antes de joderte.
Me refugio en mi locura, en mi falta de cordura, en mi hueco para tararear una melodía que se crea en los recovecos de una guitarra que me ha abandonado.
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