No morirá hasta que los dos últimas personas marchen.
A manos de sus armas -espadas o fusiles, veneno o las manos-, luchando entre sí para finalizar con la vida del otro y con la suya propia, con la especie. Odiándose como se odió al enemigo o al fugitivo.
Sin motivo real ni tangible. El odio por el odio.
O por el contrario, abrazados y con lágrimas brotando de sus ojos, cristalinas y plateadas. Amándose, como se amó al hermano y al amigo, al amante, a un padre y a un hijo.
Con el mayor motivo habido, el amor por el amar.
Elige.
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