Acabo de ver el infierno en tus ojos, y era tan dulce que se ha convertido en mi cielo. Azufre y fuego son mis nubes y mi viento, y los mil demonios angeles, se avecina el tormento. Tu susurro un pecado que cobrar al haberno, tu sonrisa una daga que por sentir desespero. La tentación de tu cuerpo es mi edulcorado veneno, y a tus pies yo me postro sin saber que me pierdo en tus calidos labios, tan al rojo que ardiendo me salpican pasión tan eterna que muero, que vivo.
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