Parte uno.
Despertó entre esas cuatro paredes que lo habían observado durante ya hacían casi diecisiete años, observando el techo sin algún proceso de pensamiento en su ya loca cabeza. De pronto entró en razón, volvió sobre la faz de su realidad y su rostro comenzó a dibujar una expresión ya habitual en él, la del dolor, la de haber sufrido ya lo suficiente.
¿Por qué? ¿Por qué otra vez? ¿No ha tenido ya bastante? Aún duda, y mucho, lo que siente, lo único que sabe es que hace tan solo veinticuatro horas ni por asomo ese sentimiento hubiese asomado por su cabeza.
Estuvo enamorado de ella ya no recuerda ni cuanto tiempo, fue la sensación más fuerte que su pecho había aguantado hasta entonces, y hasta ahora. Después de tanto luchar por ella y de tanto perder, ganó, ganó una amistad cimentada, una relación fuera de lo amoroso que realmente valía la pena, en la que todos ganaban. ¿Y para qué? Para volver a caer, volver a pasar por lo mismo otra vez, aunque en esta ocasión de distinto modo, cuatro años más tarde.
Como ya dije, para nada tiene claro lo que sucede en los recovecos de su alma, pero seguramente después de darle mil vueltas a la cabeza por fin se aclare.
Parte dos.
Falsa alarma, no sin antes confirmarlo tras una dura y larga meditación. Todo fue un espejismo, un espejismo fruto de que el amor es lo más grande que pueda suceder para él, él así lo ve, y desde que su último amor partiera ha buscado sin saberlo otro amor para caminar a su lado.
Menos mal que todo fue una confusión, piensa, la quiere, claro que la quiere, cómo no, pero mil veces mejor es el amor que ahora siente que el que en su momento vivió. En el caso de que no hubiese sido tan solo una ilusión quien sabe la angustia y el sofoco que hubiese sufrido al saber que no habría podido acariciarla, besarla, incluso simplemente estar con ella.
La vida lo empuja hacia delante, cree que algún día puede que todo cambie, que su vida de un giro argumental inesperado, y qué demonios, incluso puede que sea cierto, mas sabe que su futuro próximo será calcado a su presente, una gran sensación de estar en un camino de una sola dirección.
Parte 3.
Se recuesta sobre su cama y deja volar su mente, no quiere pensar en nada, en nadie. Objetivo no conseguido, esfuerzo en vano, recuerda el rostro de otro viejo amor y lo dibuja en su mente hasta dar con la perfección que tenía y tiene en la realidad, su sonrisa, sus labios, comparables al regaliz, tan, tan dulce y rojo. En el instante en el que ese rostro alcanza la perfección de la realidad, cae dormido. No sabe que pasará, no sabe que le deparará el destino, si es que este existe, cosa que duda muchísimo. Lo único que sabe es que él marcará la diferencia entre vivir esperando y vivir viviendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario