No me detendrán, no me callarán, aunque tengan que quitar de mis frías y muertas manos la pluma, el lápiz o el teclado. No entra de mis posibilidades llegar a viejo sin dejar marcado lo que siento con palabras encadenadas y con besos eternos. No, no podrán silenciar un alma que lucha por sobrevivir en un mundo hipócrita y malévolo, en el que la única esperanza que queda es el amor, la ternura, el placer, las emociones nobles, y las personas, esas personas por las que merece la pena luchar, llorar, reír, soñar y morir.
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