Cuando la bruma azota, cuando se siente la derrota, cuando sabes el final de esta desdichada historia, cuando todos esos buenos y mejores momentos se van almacenando en tu memoria, llegará la hora de dar por cerrado el caso, cerrar el cajón, echar la llave.
Cuando abran viejos momentos en tu cabeza, cuando rememores la sensación de un alma llena, de un sentimiento revoloteando entre las paredes de tu pecho, cuando te susurren de nuevo un te quiero al oído, llegará la hora de reabrir viejos casos y abrir esas puertas, soplar el polvo y retomar la senda hacia lo que apostarías que es felicidad.
Nadie te dice ni te afirma que no vaya a suceder lo inesperado, lo que ya sucedió en el pasado de nuevo, pero, ¿qué es una vida sin una apuesta doble o nada?, ¿qué es una vida sin la esperanza, y el miedo a querer tanto que duela?, ¿qué es la vida sin un soplo de aire fresco, el riesgo, la emoción?, niebla.
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