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martes, 14 de mayo de 2013

Nuestra relación, cual cajita musical.

Nuestra relación, cual cajita musical, funcionó larga e intensamente, proporcionando música que llenaba el alma, que daba sentido a la palabra emoción, que nunca paraba, siempre giraba. Fueron de los más bellos acordes jamás escritos y oídos, de los más bellos acordes hechos sonar, de los más bellos acordes hechos sentir.
Pero llegó la tempestad y esa cajita dejó de girar, dejó de latir y dejó de hacernos sentir, al menos del mismo modo en el que un día nos acostumbró, y me hizo sentir mal, me hizo aterrizar, me hizo chocarme de bruces contra lo que ahora es mi realidad.
Quiero que vuelva a sonar del mismo modo, ¿quieres que vuelva a sonar del mismo modo?, quiero que me haga sentir del mismo modo, ¿quieres volver a sentir del mismo modo?
Sé que nunca sonará igual, pero quiero que en sí halla de evolucionar, crear una nueva melodía, que desaparezca la melancolía, y que sus envolventes agudos y graves crezcan a la vez que nosotros crecemos, a la vez que la obra que es la vida pasa.
Quiero hacerla funcionar, no quiero darla golpes para que ruede como creo que hemos hecho hasta ahora, pues esos golpes, aunque hagan que funcione en un determinado momento son los mismos que están haciendo que en un futuro no vuelva a sonar, quiero parar.
Es necesario arreglar, y si ambos queremos debemos. Debemos poco a poco, porque la melodía lo merece, recobrar el oído y recomponer las piezas que tanta belleza son capaces de proporcionarnos. Que la belleza que nos da esa caja no sea finita, que así no acabe, no ceder, y no caer.

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