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lunes, 25 de marzo de 2013

No, no la vi.

Y entonces cogí el primer autobús a donde ella se encontraba, y sentía que mi vida comenzaría de nuevo, que salir de allí sería como ver por primera vez la luz, que lloraría cuando me diesen unos azotes y que todo sería nuevo para mi. Al salir de aquel bus, al llegar a aquel lugar desconocido, al sentir como mi pelo se rizaba sabiendo que el tiempo para verla estaba contado, al soñar, me desperté. No, no la vi, no la toqué, ni siquiera la rocé, no la abracé, no me abrazó, no hubo un antes y un después, y lo agradezco, no habrá día que no lo agradezca. Aquello fue un sueño, y la primera vez que vaya a sentirla debe de ser real, tiene que ser real, no tienen que saltar chispas, tiene que ser fuego, fuego que arda, arda nuestros pechos.

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