Domingo
por la tarde, 18 horas, me asomo por la ventana echándome un cigarro
ya que mis padres se fueron al pueblo, hacía tanto que no lo
cataba... Al fondo veo una silueta caminando que me resulta conocida.
Es Raquel, se ve que ha pasado de estudiar y se ha venido a verme, me
encanta... Pienso un poco más detenidamente:''¡Coño, si es
Raquel!'' Doy un bote, ella no sabe que fumo. El cigarro se cae y por
su no más que odioso recorrido cae en mi camiseta, dejando un
chinote de esos que ya no hay nada que hacer por escusar. Me encanta
la camiseta, pero no la puedo llevar más, que cruz... Raquel llama a
la puerta, hago una bola con la camiseta y la empotro contra el fondo
del armario, me pongo otra y abro. La comento que no ha avisado,
quería darme una sorpresa dice. Pasamos a mi habitación, tras poco
tiempo me dice que huele a tabaco, que si fumo. Por lo que lo niego
rotundamente. Odio a los fumadores, me dan ganas de arrearles me
comenta, y que si ve a alguien que le importa fumándose un cigarro
le obliga a comerse el pitillo, se ríe. Hablamos sobre que si vamos
en serio, llegamos a una idea general de que estamos saliendo, pero
en secreto, no queremos levantar a las masas sobre el tema. Se
disculpa y se asoma a la ventana, saca una caja de tabaco y la muy se
pone a fumarse uno. ''¿Que coño pasa aquí?'' ''Pasar pues pasa el
tiempo, los coches por la calle,...'' dice bacilándome. Entonces
entiendo que me ha vacilado desde que entró por la puerta, había
visto todo desde fuera. La encanta la camiseta que llevaba puesta,
bueno, pues me la pongo, marcando el agujero que se había hecho.
''Ahora me gusta más que antes'' me comenta, se ríe, y yo, cómo
soy así de buena persona se la regalo para nunca olvidarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario