-¿Puedo aburriros con una de mis historias, de esas que te sacan una sonrisa sin previo aviso?--Yo estoy encantada de escucharla.- Dice Raquel con una sonrisa apoderándose de sus labios.-Venga, cuenta, cuenta.- Me dice el resto de la gente, tengo fama de contar buenas historias, o al menos eso dicen.-Bueno, entonces escuchad atentamente, hace ya unos años que conocí a aquella chica que me sacaba los colores, aquella chica que me hizo creer en la persona que os habla ahora mismo, aquella chica que con su sonrisa, su dulzura y su confianza en sí misma despertó algo en mí que de no ser por todo lo anteriormente dicho hubiera dormido dentro de mi de por vida, y sí, me enamoré de ella, cómo era de suponer. Comenzaré mi historia:Nos conocimos una noche de verano en la que se hacía notar el viento en el rostro, vacaciones de verano, con su luna en cuarto menguante observándonos como ya ha hecho durante innumerables años, y no me vi con ganas de malgastar esa bonita ocasión de sacar a pasear a Chest, el más leal compañero que he tenido. Caminé hasta el viejo parque que me había visto crecer y me senté en un banco después de una larga marcha de Chest, dada su afición a hacerme correr. Mientras él jugaba con los rosales vi al otro lado del parque, a unos treinta metros, una silueta que no me llamó para nada la atención, pero la persona que originaba esa silueta se percató de mi mirada y se dispuso a sentase junto a mi y comenzamos a charlar. Me contó que acababa de llegar a la ciudad hacía apenas un par de días, y que tenia un lío impresionante sobre en que instituto matricularse, y la comenté que el mio era una buena opción, que no es que fuera un colegio fuera de ciertas modas absurdas cómo la de los demás colegios, o ese típico grupo de personas que salen a fumarse un cigarro en los recreos, aunque no siempre fuese un cigarro, pero era un sitio acogedor. Buena conversación, lo que fue un punto a mi favor, ya que no hablé más con ella en todo el verano, imbécil de mi se me olvidó preguntarla siquiera cómo se llamaba.
Tras tiempo sin dedicarle a penas un pensamiento voy a intentar retomar este blog. Con las mismas ganas, la misma intenciones de regularidad y de calidad, con la misma preocupación sobre las visitas... más bien pocas.
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domingo, 8 de julio de 2012
''Novela'': Róbame un beso Raquel (Parte 1)
-¿Puedo aburriros con una de mis historias, de esas que te sacan una sonrisa sin previo aviso?--Yo estoy encantada de escucharla.- Dice Raquel con una sonrisa apoderándose de sus labios.-Venga, cuenta, cuenta.- Me dice el resto de la gente, tengo fama de contar buenas historias, o al menos eso dicen.-Bueno, entonces escuchad atentamente, hace ya unos años que conocí a aquella chica que me sacaba los colores, aquella chica que me hizo creer en la persona que os habla ahora mismo, aquella chica que con su sonrisa, su dulzura y su confianza en sí misma despertó algo en mí que de no ser por todo lo anteriormente dicho hubiera dormido dentro de mi de por vida, y sí, me enamoré de ella, cómo era de suponer. Comenzaré mi historia:Nos conocimos una noche de verano en la que se hacía notar el viento en el rostro, vacaciones de verano, con su luna en cuarto menguante observándonos como ya ha hecho durante innumerables años, y no me vi con ganas de malgastar esa bonita ocasión de sacar a pasear a Chest, el más leal compañero que he tenido. Caminé hasta el viejo parque que me había visto crecer y me senté en un banco después de una larga marcha de Chest, dada su afición a hacerme correr. Mientras él jugaba con los rosales vi al otro lado del parque, a unos treinta metros, una silueta que no me llamó para nada la atención, pero la persona que originaba esa silueta se percató de mi mirada y se dispuso a sentase junto a mi y comenzamos a charlar. Me contó que acababa de llegar a la ciudad hacía apenas un par de días, y que tenia un lío impresionante sobre en que instituto matricularse, y la comenté que el mio era una buena opción, que no es que fuera un colegio fuera de ciertas modas absurdas cómo la de los demás colegios, o ese típico grupo de personas que salen a fumarse un cigarro en los recreos, aunque no siempre fuese un cigarro, pero era un sitio acogedor. Buena conversación, lo que fue un punto a mi favor, ya que no hablé más con ella en todo el verano, imbécil de mi se me olvidó preguntarla siquiera cómo se llamaba.
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